Aquí el actor Jean Dujardin protagoniza con esa cuota involutiva de sufrimiento paradójicamente progresivo esta adaptación cinematográfica con rigor atmosférico que critica el famoso "libre albedrío" en un tenuemente cromático festival contrateológico, y son de contraste ácido y muy oportuno el trato del protagonista con su esposa que empieza a narrarse como exitoso sin embargo cuando éste ya es diminuto y discute con ella por el tema relativo a la casa ella estuvo a punto de aprovechar su mayor dimensión y casi lo empuja y llorando se exilia en su caos ante la desproporción que quizá ella tenía en reposo existencial de género cuando ambos vivían una vida supuestamente muy normal, y el trato con su hija niña que comienza a narrarse como ideal empero había un ritual que consistía en que el protagonista fingía transformarse en un monstruo y cogía a su pequeña hija y la levantaba y la abrazaba y eso era algo que ella aparentemente rechazaba pero al mismo contradictorio tiempo disfrutaba, y cuando el protagonista ya es diminuto del tamaño de los muñecos de su hija ya no más pequeña ésta por impulso casi incontrolable estuvo a punto de aplicarle por venganza inconsciente el ritual del monstruo pero se detiene y se disculpa casi atónita.
Definitivamente, esta película logra una verosimilitud prácticamente impecable mediante unos efectos ópticos de gran categoría, y son, en ese sentido, escenas memorables la persecución del gato contra el protagonista, la confrontación de una araña contra el hombre diminuto, y éste sumergido accidentalmemte en la acuario y nada casi interactuando con el pez, pero es fundamental la escena del clímax cuando el hombre minúsculo decide no moverse ante el muy íntimo acercamiento de aquella araña gigantesca y éste asimila que, después de renegar silenciosamente contra la pose institucional deífica por antonomasia al no encontrar equilibrio en ese inmenso sótano que representa el mundo tan amenazante en el nos abandona la gran deidad, que enfrentarse a una muerte posiblemente inminente es signo irrefutable de entender al fin el meollo de la existencia humana: El universo es aparentemente infinito y uno es la mínima expresión de la ecuación sólo descifrada por el teorema de un amor genuino y discutiblemente incondicional.
Alberto Javier Angulo Chumacero
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