CRITÍCA DE CINE : EL HOMBRE MENGUANTE, de Jan Kounen.

 L'homme qui rétrécit (El hombre menguante) de Jan Kounen o la alegoría blindada de un mundo minúsculo cerrado gobernado por un ser supremo invisible que nos obstruye con amenazas aparentemente más grandes que uno.

Nueva adaptación de la novela osada de Richard Matheson, autor de la pluriadaptada Soy Leyenda, y que sucede a una versión clásica de culto realizada por Jack Arnold y conocida como El increíble hombre menguante, y su factura de producción francesa le da un aura de respiro influyente, y aquí la premisa se compromete a una metáfora del humano de tamaño ínfimo entre las gigantescas aguas públicas que al nadar no deja de observar el firmamento que es también de mucho mayor tamaño respecto a él, y esta aguda metáfora se desplaza conspicuamente a la escena proporcionalmente inversa cuando éste se está duchando y no puede dejar de observar los pequeños agujeros del caño que en reemplazo del firmamento también está más arriba, y es como una liturgia ontológica con la lógica subversiva de que intuye tal vez que su futuro se le anuncia a través de esa metamorfosis bíblico - cuántica de percepciones.

Aquí el actor Jean Dujardin protagoniza con esa cuota involutiva de sufrimiento paradójicamente progresivo esta adaptación cinematográfica con rigor atmosférico que critica el famoso "libre albedrío" en un tenuemente cromático festival contrateológico, y son de contraste ácido y muy oportuno el trato del protagonista con su esposa que empieza a narrarse como exitoso sin embargo cuando éste ya es diminuto y discute con ella por el tema relativo a la casa ella estuvo a punto de aprovechar su mayor dimensión y casi lo empuja y llorando se exilia en su caos ante la desproporción que quizá ella tenía en reposo existencial de género cuando ambos vivían una vida supuestamente muy normal, y el trato con su hija niña que comienza a narrarse como ideal empero había un ritual que consistía en que el protagonista fingía transformarse en un monstruo y cogía a su pequeña hija y la levantaba y la abrazaba y eso era algo que ella aparentemente rechazaba pero al mismo contradictorio tiempo disfrutaba, y cuando el protagonista ya es diminuto del tamaño de los muñecos de su hija ya no más pequeña ésta por impulso casi incontrolable estuvo a punto de aplicarle por venganza inconsciente el ritual del monstruo pero se detiene y se disculpa casi atónita.

Definitivamente, esta película logra una verosimilitud prácticamente impecable mediante unos efectos ópticos de gran categoría, y son, en ese sentido, escenas memorables la persecución del gato contra el protagonista, la confrontación de una araña contra el hombre diminuto, y éste sumergido accidentalmemte en la acuario y nada casi interactuando con el pez, pero es fundamental la escena del clímax cuando el hombre minúsculo decide no moverse ante el muy íntimo acercamiento de aquella araña gigantesca y éste asimila que, después de renegar silenciosamente contra la pose institucional deífica por antonomasia al no encontrar equilibrio en ese inmenso sótano que representa el mundo tan amenazante en el nos abandona la gran deidad, que enfrentarse a una muerte posiblemente inminente es signo irrefutable de entender al fin el meollo de la existencia humana: El universo es aparentemente infinito y uno es la mínima expresión de la ecuación sólo descifrada por el teorema de un amor genuino y discutiblemente incondicional.


Alberto Javier Angulo Chumacero

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