CRÍTICA DE CINE : EL FINAL DE LA CALLE OAK, DE DAVID ROBERT MITCHELL.

 The end of Oak street (El final de la calle Oak) de David Robert Mitchell, o, entre Ray Bradbury y Julio Verne, una radiografía mágico-punzante del sueño americano

El vecindario es el hábitat urbano donde confluyen sociopolíticamente variopintas familias o personas diversas con un referente colectivo de lo disfuncional, sin embargo, las crisis conyugales son como viajes mentales a través del tiempo pues añoramos la época primigenia para tal vez tomar una decisión diferente, empero aquí la familia protagonista (madre escritora recóndita en el sótano, padre limitado laboralmente que ha perdido ese trabajo supuestamente no idóneo, hija e hijo menores de edad en el límite del estereotipo), de pronto, se ven trasladados a una región prehistórica con los demás vecinos, y es ahí donde hay una metamorfosis de género hacia un thriller survival de ciencia ficción y elementos de horror con monster movie es decir la amenaza de los dinosaurios.

Sin ánimo de incurrir en la hipérbole más desvergonzada, esta película es como una mezcla teferencial de Jurasic Park de Steven6 Spielberg y The Birds de Alfted Hitchcock con algo de A quiet place de John Krasinski, no obstante, aquí hay una narrativa de confrontación lateral entre los personajes y el espacio sugerido con exposición de plano detalle del dinosaurio que ataca al humano, es como si las personas cuando enfrentan un determinado problema oscilan entre la pérdida fragmentaria de identidad social y soportar la carga horizontal del subconsciente herido filtrándose entre sus túneles el esbozo molde del.inconsciente influido por las normas de una sociedad marcial que castra sistemáticamente a los autómatas que la componen.

Aquí no hay fusión entre máquina y humano según la tesis de recurso conceptual de la "nueva carne" del cine de David Cronenberg pero si existe aquí una fusion polihistórica de prehistoria y mundo contemporáneo que es el ^nuevo escenario" en la presente película de David Robert Mitchell que desde It Follows no realizaba una obra fílmica tan excitante amén de ser un espectáculo comparable a la estética de What dreams may come de Vincent Ward,, y aquí el discurso filosófico es compatible con esa escena reiterativa de flujo contundente en que la madre esta luchando contra un animal prehistórico y ésta de pronto queda en el fragmento diestro del.encuadre de tal manera que el espectador observa a la madre peleando y en el fragmento siniestro queda expuesta ante la pared una fotografía de la vecina muerta que luce joven y es un retrato de composición presuntamente nupcial, definiéndose una intensa metáfora de la pugna callada contra los sueños juveniles generalizados como erróneos o frustrados, y aquí lo tanático no es tan expliicito pero a pesar de eso remueve lo sensorial e incluso conmueve, y con un colofón que recuerda un poco a Frecuency de Gregory Hoblit, El final de la calle Oak, con un reparto equilibrado con Anne Hathaway y Ewan McGregor a la cabeza, lo fantástico aquí es el pretexto perfecto para asumir un estilo con desborde yuxtapuesto de contenido y forma, y arraigar el efecto de un subtexto que nos susurra que a veces el romance desahuciado puede encontrar la cura y la familia pese a las falencias puede encontrar o descubrir la ecuación espacio-temporal de la integración.

Alberto Javier Angulo Chumacero

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