CRITÍCA DE CINE: LA CAPTURA , de Chava Cartas

La captura de Chava Cartas o una historia verídica de los archivos mexicanos

Con un maduro Alfonso Herrera tan convincente en un rol de angustia por el exordio de la disyuntiva moral respecto al miedo verosímil por la vida de la familia y la propia vida y lejos de esos estereotipos actorales juveniles como en RBD, esta película resulta un thriller palpitante que va intensificándose hacia un desenlace con matiz muy tenue de películas como por ejemplo Seven de David Fincher, más allá de que Seven es un thriller más sólido y más ascendente, y la importancia de la película cobra lugar desde que el protagonista y su compañero también policía detienen a dos sospechosos de haber robado el automóvil donde estaban y descubren atónitos que uno de ellos era El Chapo Guzmán, patrón del cartel de Sinaloa en México , empezando una carrera contrarreloj para esconder a los criminales en un hostal mientras los súbditos del narcotraficante los persiguen y amenazan con matar a la esposa embarazada y a las dos hijas del protagonista.

Definitivamente, la puesta en escena nerviosa eleva la calidad de un guion que por retratar un caso policíaco histórico de México podría haber sido narrado con la monotonía de un documental muy respetuoso de los hechos medulares sin ese ingrediente maravilloso que es el enfoque entre el discurso y la fantasía de lo complejo expansivo.

Entonces, la presente película es una radiografía muy veraz respecto a la encrucijada humana entre el deber ético y la conveniencia circunstancial, cómo reacciona un policía del.promedio si por causa de tanta corrupción su vida corre peligro tanto como la de su familia si llega a cumplir su obligación moral de erradicar aunque sea lateralmente un poco de la bazofia psicosocial que es el narcotráfico, sin embargo, hay una contraparte filosófica que es lo referente a la paradoja ontológica de un policía en comparación con un delincuente que roba, perjudica y hasta asesina respecto a que el policía por un concepto de estructura axiológica y reglamentaria está autorizado por la ley formulada en su hábitat social a matar a otras personas que son criminales y de pronto lo son ambiguamente entre la decisión y lo inexorable por la tesitura biográfica de rémora, ergo los hombres idealizadamente buenos también tienen algunas falencias abyectas entre el subconsciente magullado y la inculcación dicroica de autonomía a genética, y los hombres sectorialmente malos también aman y también pueden tener familia, por lo tanto, existe una línea fronteriza muy delgada tan propia o característica de la humanidad en general entre los principios y las necesidades, es, por consiguiente, demasiado relativo el relato de nacer bueno pero la sociedad corrompe o de elegir un modelo de conducta ante la devastadora influencia del entorno más salvaje.

Alberto Javier Angulo Chumacero


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