CRÍTICA DE CINE: POSESIÓN INFERNAL, EN LLAMAS, DE SEBASTIEN VANICEK.

 Por: Alberto J. Angulo Chumasero. 

Evil dead burn (Posesión infernal : En llamas) de Sebastien Vanicek o el infierno en la tierra desde un enfoque psicoanalítico sobre los demonios metafóricos de una familia disfunconal

Notable nueva entrega de una saga con estilo de soga y sigo gozando ante el universo de los deadites, esos espíritus demoníacos que poseen a los vivos y a los muertos generalmente a partir de heridas o fluidos propiamente biológicos, un fenómeno que representa el libertinaje provocador de contagios tipo sida o enfermedades venéreas o enfermedades terminales y todo el infierno que propicia la desidia por conservar la salud del cuerpo como si se tratase de lo irracional maligno de lo corporal a ultranza.

 La película posee un guion inteligente que no abusa de los jumpscares o efectos de sustos o sobresaltos pero mantiene la atención hipnotizada a través de un juego versátil de tensión ascendente por un flujo de gran intensidad y particularmente hay una brillante escena de traslado de punto de vista con espacio en off que consagra el protagonismo de la hija política que va finalmente a tomar conciencia de su condición de pareja maltratada y eso configura la probabilidad abierta de otra posesión. 

La puesta en escena, por otro lado, es una maravilla que late como gangrena progresiva, todo se va pudriendo cada vez más, y la simetría con ese concepto es el ensamblaje ontológico entre el maquillaje artesanal o efectos prácticos con un CGI que para mí no desentona gravemente pues no es tan inverosímil y una música que es infernalmente frontal, mientras que la composición estética es un acierto relacionado con el titulo pues el fuego tiene una relevancia aquí de proporciones antitéticas ya que según una mitología ancestral el fuego es un agente purificador sin embargo la filosofía planteada en esta historia la familia es un temperamento patógeno y aquel fuego la purifica a un estado perverso más inocente que los conflictos familiares por antonomasia, y aquí el eje del contagio posesivo adquiere una fuerza alegórica adicional respecto a las heridas también emocionales.

Mención especial la actuación estelar entre simbólica y física de Souheila Yacoub.
Tenemos entonces una obra con bramido intelectual de lo eidético versus complementario lo sensorial, y el engranaje de un discurso sobre las identidades de rol trastocado sobresale con estereotipos en la línea de la mujer que es la nuera victima que soporta casi resignada, el padre endurecido por crianza que tiene un favoritismo hacia el hijo violento, la madre rendida ante su cónyuge, la abuela orientada hacia la demencia senil, el otro hijo que sigue su vocación y por libre o autónomo genera anticuerpos, y su pareja que simbiotiza respecto a ese mismo rechazo conseguido.

Tenemos ergo una pelicula de horror delirante que podría percibirse muy superficialmente como La celebración de Thomas Vinterberg con niebla de subgénero de posesiones demoníacas, y asimismo es mas acorde al horror verticalmente serio por carecer un humor negro explícito propio de la primera película dirigida por Sam Raimi y del remake o reboot dirigido por Fede Álvarez, teniendo también un coprotagonismoi menguante de un gore espectacular.

Evil dead burn, cuando la religión somete tanto como su espejo coaxial el antecedente y yugo sociofamiliar.

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