Obsession de Curry Barker o la metáfora de un romance tóxicoObra maestra sin escrúpulos de un realizador joven llamado Curry Barker y que además de algunos cortometrajes hizo su ópera prima o como se entiende según argot su primer largometraje con un presupuesto de 800 dólares de acuerdo al internet con título Milk and serial con un esquema de found footage o metraje encontrado, ese subgénero que presenta una estructura de grabaciones o filmaciones que se revelan generalmente en los cánones del genero del horror y con una premisa promisoria a pesar de rozar el cliché pero al desembocar hacia el epílogo es de pronto secamente efectivo este film que sobre el éxito que debe haber tenido en youtube seguramente multiplicará pues este segundo largometraje de Curry Barker es mucho mas intenso y auténtico, y habrá que seguirle el rastro porque promete bastante una continuidad cualitativa o una casi imperceptible evolución.(Foto : www.imdb.com )
La primera pelicula de Barker era de horror psicológico pero con gran proclividad al thriller, en cambio su segunda película oscila entre el thriller psicológico y el drama de horror sobrenatural con pinceladas de romance pero un romance radiográfico y políglota, y es recomendable ver esta obra sin el antecedente del trailer para concretar una recepción obviamente más sorpresiva, sin embargo, la pelicula igualmente puede llegar a ser muy inmersiva, ergo la identificación fragmentaria enfatiza sus dendritas a un colapso psiquico tan emocionante como perturbador, pero para transmitir esa mutación sacrílega de roles y consecuencias qué mejor dupla simbólica y sutilmente adversa paradójicamente que la constituida por el actor Michael Johnston marcando irrefrenable pauta en el matiz platónico de una fascinación silente comenzando a intentar una confesión retardada pero agravando su tesitura por una invocación desiderativa y ahí radica el objeto psicoanalítico que es el deseo que parte de una fascinación inocente para tergiversarse ante el espejo del subconsciente en un eufemismo de obsesión por la que él considera su amada y este deseo ígneamente pasivo se multiplica hiperbólicamente en la conducta fascinada de la obsesión romantica salvaje aunque quizá solo parcialmente artificial de la mejor amiga y supuestamente amada del protagonista personificada elogiablemente por Inde Navarrette.
El prolegómeno es muy llamativo con arquetipo de cine independiente, el protagonista cuyo nombre es Bear que significa oso que remite a un apelativo melifluo que muchas mujeres en diminutivo le designan a sus parejas y el guion satiriza con ingenio ese fenómeno recurrente en el sentido de la volcánica violencia con efectos prácticos de gore o efectos artesanales de lo sangriento o visceral, está en un nivel ecléctico entre plano busto y primer plano tratando de confesar su sentimiento romántico a su mejor amiga pero el encuadre se abre y resulta que estaba ensayando con una joven cualquiera, luego va a su casa y descubre que su gata ha fallecido, luego se sienta en su cama , hace un procedimiento telefónico y después hace un ademán de hartazgo y la imagen se extiende y aparece el titulo obsession u obsesión grabado o impreso en la parte lateral de la cama, como advirtiendo o anticipando el despliegue epidérmico y secretor del rumbo que adoptará el vehículo narrativo de la pelicula, amén de ir avalanchando un ritmo espiral y un tono entre enigma desatado y elegía macabra pues esta fábula humana impacta sin ser condescendiente, y porque la protagonista se llama Nicky como codificando que es un nombre más o menos común y el protagonista está tan supeditado a Nicky que ella podría llamarse de cualquier manera y eso no importa, entonces después del deseo sobrenatural que casi sin conciencia despide el protagonista ella se va transformando siniestramente en una pareja tóxica y en las tomas de penumbra ella está mucho más obscurecida como representando lo demoníaca que puede ser una pareja que no se siente correspondida respecto a su paulatina y terrible obsesión, y puede recurrir a un intento de autodestrucción para chantajear al otro, y también se consolida un riquísimo vertiginoso lenguaje cinematográfico con acercamientos del lente o de la cámara hacia los personajes para humanizarlos más e intimarlos psicológicamente construyendo una caricatura desvirtuada a encefalograma muy realista, empero conservando una magia patológica con lógica tétrica, y unos saltos de montaje en cada una de algunas escenas que le otorgan a la estética del producto una atmósfera de locura progresiva; así que aquí tenemos un retrato postlatvario entre implosivo y explosivo que recuerda un poco al clásico Vértigo de Alfred Hitchcoch como si estuviera mezclado con Annie Hall de Woody Allen y Ese obscuro objeto del deseo de Luis Buñuel pasado por el filtro de cine de horror vanguardista, y el desenlace aunque predecible funciona miríficamente como una catarsis perpetua de significación anárquica, el paisaje grisáceo de un infierno residual que le sucede a un pretérito que se percibía acertada o erróneamente como glorioso.
Alberto Javier Angulo Chumacero

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