CRITICA DE CINE: BACKROOMS (SIN SALIDA) DE KANE PARSONS.

 Backrooms (Sin salida) de Kane Parsons o los monstruos distorsionados que simbolizan los traumas más feroces en el mundo alterno del subconsciente

Más allá de un psicoanálisis efectivo, los humanos nos enfrentamos a versiones borrosas de nosotros mismos, las partes invisibles como si se tratase de unas raíces pues crecemos un poco torcidos a pesar de que el abono incita al árbol a crecer más resistente, el individuo partido en dos ... mentalmente, un lado benigno y el otro afectado por traumas, las raíces de un crecimiento doloroso, pero en unos, positivamente repercutientes, y en otros un cáncer de corrupción aleatoria, entonces la historia del guion de Backrooms es fascinante, un ser insatisfecho por desadaptado encuentra un umbral a una dimensión paralela, una punzante metáfora de una sociedad laberintica y maligna que se desdobla a ideología de subjetividad y alienación de consumo, y este sujeto siente que está no atrapado realmente sino atrapado con subconsciente tan mortal y con moral rechazada por consenso casi global en este espacio reverso con una organización tan paradójicamente anárquica y asimismo subyugante de una relación empírica entre esa sociedad castrante y el universo psíquico del protagonista aparente, sintiendo éste que se identifica con este lugar de contraste funcional es decir se siente por primera vez en un lugar donde verdaderamente encaja, ahí se encuentra con las versiones traumáticas monstruosas de otros como representando el dominio muy tácito respecto a los traumas de las personas con las que uno se relaciona, pero controlando sólo parcialmente a su propia versión traumática monstruosa pues le pide al lado enfermo de su conciencia que no castigue, (el castigo como fantasma infantil que resurge en la adultez para comprometer muchas veces con justicia oscilante al entorno de uno, el hábitat hostil por naturaleza u ontología proselitista) a su psicoterapeuta pero su trauma vence poniéndose en contra violentamente de la víctima-victimario por entre selección natural y cadena de consecuencias generacionales, y es como si matara el trauma furibundo a su hospedero al inutilizarlo y convertirlo en un vehículo fisiológico y psicológico para intentar atentar por vindicación y culpabilización contra los congéneres tan reactivos como uno mismo.

Thriller psicológico , drama fantástico y horror claustrofóbico atmosférico alegórico suprarrealista en el que destacan mucho Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, el primero como el fracasado psudoparanoico que le cede el protagonismo a la segunda, una psicoterapeuta estereotipo de mujer escéptica y con su propio trauma que se concentra en un pedazo de suelo asociado con su madre que supuestamente era paciente psiquiátrico, utilizando ese objeto simbólico en un arma poderosa por liberación definitiva después de muchos años para contratacar ante la amenaza del monstruo subconsciente dominante de su paciente.

Luego, la fotografía remite lo referente a una estetica sucia que concuerda con un desorden cromático de trasfondo magnético para una exégesis concienzuda por un subtexto político y filosófico, y el sonido está desarrollado entre la asifixia de cuestionamiento y el resto del aspecto técnico como por tejido visceral de alarma de pesadilla colateral, y la estructura existencialista de esta obra recuerda medularmente a la quizá pionera Cubo de Vicenzo Natali; a veces nos encontramos teóricamente sin salida de un estado ominoso pero con tergiversación de adaptabilidad y por eso para evitar una confrontación potencialmente desmitificadora simplemente no escapamos como si estuviéramos enredados también por costumbre.

Alberto Javier Angulo Chumacero

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