Con una factura narrativa como de sutura, tenemos aquí una premisa de rebote psicológico a nivel de los visajes impertérritos de los actores de turno o en presentación de rigor suprarrealista lo que se va afianzando con potencia inmersiva sobre todo desde el vertiginoso ataque del que padece el protagonista por un golpe cefálico muy fuerte de parte de una persona disfrazada como si se tratase de un slasher casi de manual, y si es un despliegue estrambótico el maltrato compulsivo para incitar al deportista en entrenamiento, lo abyectamente onírico o lo pesadillesco básico se ondula como si fuera una sesión de hipnoterapia agitada entonces lo sensorial crónico toma lugar afiliado en el género de horror satírico sutil, y la secta confesa está por consagrarlo como herramienta visceral de la ideología colectiva corrosiva de ésta e irónicamente el protagonista para liberarse del infierno simbólico en que estaba obstruido deberá optar por una corrupción de alienación violenta en contra de sus verdugos, y qué paradójico que la persona que lo atacó en el introito era un admirador de su trayectoria y estaba disfrazado y buscaba neutralizarlo por aprecio, y los integrantes de aquella secta también disfrazados querían sacrificar su pasado para comprar su albedrío en el estrellato definitivo.
El discurso es acordé al elevado nivel de intensidad conforme a un estrato ecléctico entre dramatúrgico y cinematográfico, la fotografía en reciprocidad al desarrollo de concepto de arte es muy colorida como exhortando a un arrebato sicodélico, y la música es inquietante para proyectar ese clima de cruce de drama colapsado y thriller planetario, y el clímax tentativo con precedente de plotpoint o punto de quiebre predecible a pesar de eso resulta una coreografía altiva de gore emblemático; la vocación como una perspectiva de venta del alma al diablo del sistema que somete al que ha nacido con predisposición a la dualidad entre el bien y el mal aunque criado con un gran buentrato empero en la juventud cualquier árbol se puede torcer ... y no siempre un ídolo que inspira durante años de crecimiento será exento de una desmitificación a ultranza.
Alberto Javier Angulo Chumacero
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