Por: Gisella Barthe Barthe.
La vie d’une femme, de Charline Bourgeois-Tacquet, parte de una existencia perfectamente ordenada para observar cómo el deseo introduce una grieta imposible de suturar.
Gabrielle, cirujana maxilofacial, ha construido su vida alrededor del control, la profesión y la renuncia.La enfermedad de su madre y, sobre todo, la aparición de Frida alteran progresivamente ese equilibrio.
La estructura en diez capítulos refleja primero esa disciplina, pero termina acompañando su descomposición.El momento decisivo llega cuando Frida le confiesa su atracción y Gabrielle se enfrenta a un deseo que no sabe cómo manejar.
A partir de ahí, Gabrielle comienza a permitirse aquello que durante años había mantenido bajo control.Bourgeois-Tacquet filma el enamoramiento no como salvación, sino como una verdadera perturbación del orden establecido.
La cirugía y el deseo terminan encontrándose en una misma idea: hay transformaciones que no pueden repararse sin dejar huella.
Y ahí la película adquiere una fuerza inesperada: no habla de empezar de nuevo, sino de descubrir que ya no podemos seguir siendo quienes éramos.
Gabrielle no necesita ser rescatada; necesita enfrentarse a todo aquello que había decidido no sentir.
Bourgeois-Tacquet convierte así el deseo en una forma de conocimiento, incómoda y liberadora a la vez.Una película sobre el vértigo de descubrir que, a veces, la verdadera ruptura no ocurre cuando abandonamos una vida, sino cuando dejamos de reconocerla como propia.

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