CRÍTICA DE CINE: SOULMATE, DE KATE DOLAN.



 Soulmate de Kate Dolan o un ejercicio de horror tecnológico que satiriza macabramente en flujo sutil la expectativa amorosa de toda persona que idealiza

Esta metáfora de la muy progresiva evolución contradictoria de la inteligencia artificial como inmediato reemplazo de las funciones humanas por antonomasia siendo irónico pues obviamente el ser humano la ha inventado como dice la paráfrasis bíblica respecto a Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y eso es como un ciclo en la posterior cadena reproductiva, entonces aquí el thriller de ciencia ficción con cuota de casi esporádico erotismo adopta matices entre la domesticación del impulso del otro en aras de someter de forma paradójicamente sublime a la pareja lo que significa que ambos empiezan con una autoexposición selectiva de acuerdo a una estrategia de seducción y lo que corresponde a un arquetipo que busca uno durante varios intentos de conseguir una estabilidad de relación que lo que persiste en el fondo es sobrepasar ese paradigma variopinto de estabilidad dependiendo de cada subjetividad aunque con algunos referentes en común y lo que busca realmente es ubicar a la más elevada compatibilidad que es parecernos bastante al otro sin llegar a ser idénticos y ese concepto de gran idealismo recibe la denominación de alma gemela, aunque muchos otros tengan perspectivas disímiles al respecto.

El protagonista consigue esta robot físicamente muy atractiva y con un cerebro potenciado pero después de designarle autonomía a la autómata y tener sexo con ella ésta manifiesta una característica muy humana que es la obsesión amatoria para derivar a una psicópata con celotipia y perfil de asesina serial sobre todo desde que el protagonista se interesa sentimentalmente en una compañera de trabajo.

El motor filosófico radica en la pregunta...la persona perfecta existe como pareja romántica o los sustratos que todo individuo presenta aleatoriamente son desde cambiar o mostrarse uno como casi realmente es desde que la confianza recíproca se va ladrillando con el maratón de los meses hasta desestimar la entrega con interrumpida tregua del otro y escoger a otra persona que por sarcasmo del destino y problemática de albedrío llega a la vida del amante ya insatisfecho, con el conflicto ilusorio de elegir o ser elegido, sin embargo, la clave es que ambos se elijan es decir que sea una sincronía, pero volviendo al intringulis de esta película el argumento es el caparazón epistemológico de una semántica con polisemia entre el oxímoron de hasta qué punto es de sabios revolucionar la tecnología o si la sapiencia en exceso podría ser ambigua entre lo constructivo y lo destructivo y hasta qué punto es importante la integración de la idealización que concatena el laberinto ontológico de la costumbre; entonces esta película tiene un tono estilo episodio de Black Mirror y por eso la atmósfera es casi de viñeta neo-noir, y el ritmo es oscilante ergo se da un buen manejo de la intensidad narrativa, y la estética es similar a la de las películas Megan y Megan 2.0 que constituyen el universo ficcional donde encaja publicitariamente Soulmate, es por eso una estética entre lúdica y obscura, así que Soulmate o Alma Gemela es un entretenimiento bastante efectivo que no llega a ser una obra maestra como Upgrade de Leigh Wannell empero posee una estructura con verdadera coherencia, una sintaxis de mitología robótica, y el desarrollo de la violencia a través de algunos momentos orquestados de convincente gore es como el hilo antropológico de la película...el hombre es un animal de costumbres y esencialmente poligamo.

Alberto Javier Angulo Chumacero

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