CRÍTICA DE CINE: EDEN LAKE (SILENCIO EN EL LAGO) DE JAMES WATKINS.

 Eden Lake (Silencio en el lago) de James Watkins o un survival ante una confrontación de proyecto mortal para criar a los futuros monstruos de una sociedad que merece a los psicópatas que a medias fabrica a medias detalla

Quien posteriormente realizara una efectiva La Dama de negro, aquí nos regala un thriller- survival de terror psicológico con drama etológico en que una pareja de novios deciden viajar a un sitio que debería haber sido el paraíso dónde el novio iba a proponerle matrimonio a su pareja transformando el concepto de idilio en una pesadilla de enfrentamiento entre idolatrías subconscientes, y con un gore casi sutil este planteamiento es como una síntesis histórica, sociológica y antropológica, partiendo de esta pareja (Kelly Reilly y Michael Fassbender tan naturales y sofisticados al mismo tiempo) que cree en una engañosa doctrina de respeto con subtexto de conveniencia coyuntural pero persiguiendo un molde de estructura ambigua, recorriendo un espinoso trayecto donde el némesis con liderazgo patológico es la infancia trastocada misma habiendo miasma grupal por alienación con inconsciente colectivo a ultranza, y arribando la protagonista a un hogar aparentemente normal. 

Y  qué es lo normal en este cosmos divergente en donde la cronología moral se va convirtiendo en una jerarquía aleatoria, dependiendo de la naturaleza de los principios y de las influencias del entorno, cuando la transgresión a niveles en desproporción de una violencia variopinta que perturba la superficial inocencia que toda gente tardía consagra por no poder revertir su propia depravación, pero que resulta ser un lugar peor que aquel bosque afín al lago pues en aquella casa en donde intenta refugiarse la protagonista se encuentra la semilla de la abyección por antonomasia, la continuidad repercutiva de las crianzas que van retrocediendo.

Esta película entonces es una diatriba contra los decálogos tribales y la ponzoña conductual que se esparce incluso o con mayor sin razón en los paisajes más bárbaros o primitivos.

Con relativa cópula comparativa respecto a obras como El señor de las moscas y El Otro, esta narrativa con matices de filosofía social nos conduce al corazón mismo de la premisa idónea y no idónea de las crianzas sistemáticas y accidentadas de las familias entre el arquetipo, la anomalia y la toxicidad.

Alberto Javier Angulo Chumacero

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