Dolly de Rod Blackhurst o el macabro juego de la disfunción familiar, y Exit 8 de Genki kawamura o el bucle metafórico de los rituales sociofamiliares donde el escape es tan utópico como el albedrío absolutoDos películas de horror que tienen en común la radiografía del concepto estereotípico de la familia, en Dolly el asesino serial es una criatura que posiblemente tiene el rostro desfigurado y por eso siempre usa una máscara de muñeca de porcelana y que es andrógina y juega a ser la madre de su víctima secuestrada como si ésta fuera la hija infanta de esa persona indefinida pero subsiste un amalgama de varios roles mezclados: madre, padre, e hija al mismo tiempo, y esta-este asesina-asesino serial camina con los pies torcidos y tiene las manos en perturbación como si los trastornos físicos y mentales estuvieran desde el éxodo de la vida inherentes en la anatomía conjunta del individuo.
Y posee una estética setentera no de plagio sino de tributo a clásicos de culto como The Texas Chainsaw Massacre de Tobe Hooper, como si estuviera elaborada en 16 milímetros, y el gore de estilo slasher está desplegado con maestría respecto a unos efectos prácticos muy verosímiles por ejemplo la quijada rota.
Y en Exit 8 el bucle propiamente espacio-temporal es la hipérbole parabólica construida sesudamente en base a una representación sagaz de las repeticiones culturales de un ritual que se ciñe en las instituciones inmunes más susceptibles como la familia, la iglesia y la política, y estos rituales supuestamente sagrados progresivamente pueden ser desmitificados y asociados con el miedo a una sociedad más fantasmal y exagerada que la propia familia y con la culpa por la posibilidad del aborto ya que el cliché de un embarazo no planificado se concentra en un tsunami alegórico de la saliva, del sudor y de las lágrimas en cronología precisa para engendrar luego del primer rito romántico y fomentar voluntariamente o no la creación de una familia tan imperfecta como las demás ... desde una perspectiva filosófica e histórica, la familia más convencional es el núcleo rotatorio de un cosmos tan patológico como educativo, y la educación universal es la premisa causal de un choque de personalidades entre los integrantes de una comunidad por eso mismo tan divergente como primitiva, y este eje que superpone lo genético en lo cicatricial trasciende la anécdota más inane y recluta a los nuevos soldados de una guerra conocida como la repetición de los errores de generación en generación, sin embargo, la solución óptima para vencer ante la redundancia de las estructuras nefastas de lo errático tenemos que rescatar al amor por naturaleza vivencial y sin pornografía, viva los romances metafísicos !
Alberto Javier Angulo Chumacero
Alberto Javier Angulo Chumacero

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