Por: Christian Wiener Fresco.
Faltando pocos días para la ceremonia de la entrega de los Óscar, y aprovechando que se ha podido ver esta vez en Lima todas las películas nominadas en las principales categorías, revisare en esta nota las películas seleccionadas, producidas en Estados Unidos y en inglés; luego de haberme referido en un post anterior a las cintas participantes en el rubro de mejor película extranjera del conocido premio hollywoodense.
Empezare con “F1 la película” de Joseph Kosinski, una película de velocidad, competencia y hábil manejo del montaje y la cámara subjetiva en una historia bastante convencional y conocida de mentoría profesional y segunda oportunidad.
Luego esta “Bugonia”, ultimo opus del griego Yorgos Lanthimos, que repite sus tics misántropos, con la mirada curiosa y cruel del entomólogo a los seres humanos, que no salen de lo ya expuesto en las anteriores y mejores cintas (incluyendo una manoseada Emma Stone).
Todo lo contrario de “Sueño de trenes”, una minimalista y lírica producción de Clint Bentley sobre la conquista del oeste americano y la construcción de las vías del tren, que logra transmitir emociones auténticas y sencillas en su tono bucólico y panteísta.
El “Frankenstein” de Guillermo del Toro prometía más, con un manejo visual y de ambientación deslumbrante, pero flojea la narración, en especial en la segunda parte cuando la criatura angelical toma el protagonismo, que se diluye entre el apego ilustrativo a la obra de Mary Shelley y cierto sentimentalismo que lastra el cine de mexicano.
“Hamnet” de Chloé Zhao se propone “explicar” la tragedia de Shakespeare, así como en otra cinta oscareada fue abordado su lado romántico y hasta cómico. El centro de la historia es su mujer, Agnes, y el núcleo familiar atravesado por el infortunio, que dará lugar a una de sus obras más emblemáticas. La película busca contraponer un mundo rural y mítico a las máscaras de la modernidad isabelina londinense, y tiene algunos aciertos importantes en la puesta en escena y una interpretación sentida de Jessie Buckley, que sin embargo se ven afectadas por una sobrecarga de golpes melodramáticos.
Uno de los estrenos más interesantes es “Marty supremo” de Josh Safdie, biopic de un campeón del ping-pong, que es un anti héroe por excelencia, personaje inescrupuloso, fanfarrón y neurótico, brillantemente interpretado por Timothée Chalamet, que acumula pesares, infortunios y situaciones ridículas en una historia frenética del éxito estadounidense que se sustenta en múltiples fracasos. El deporte es más un pretexto, no el sustento de otros filmes, de un retrato del sueño americano de los 50 convertido en pesadilla del individualismo.
“Pecadores” de Ryan Coogler es una lograda simbiosis de géneros (drama histórico, musical, gánsteres, terror) ambientada en el Missisipi de los años 30, donde la creación de un club de blues por unos gemelos mafiosos (notable Michael B. Jordan) desata las pasiones y tormentas racistas, tanto reales como sobrenaturales. Toda la primera parte, incluyendo los números musicales en el galpón, tiene mucha fuerza y capacidad visual y sonora, que se resiente un poco en el apocalipsis posterior, donde la hemoglobina y los dientes vampíricos son muy previsibles.
Finalmente, “Una batalla tras otra" de Paul Thomas Anderson, sin duda uno de los mejores realizadores norteamericanos del momento. Esta vez, en una película más accesible, que combina géneros de acción, road-movie y drama social, sobre temas de actualidad como la persecución a los migrantes, el poder oligopólico y militar, y el racismo supérstite norteamericano, enfrentado a un ex revolucionario devenido en adicto a la marihuana. El ritmo trepidante, el uso del humor y la caricaturización de algunos personajes (DiCaprio, Del Toro, Penn o Regina Hall) contribuye a consolidar un thriller que no da tregua, tanto en los planos, movimientos de cámara y montaje -con la música omnipresente de Jonny Greenwood-, revelando el ambiente paranoico y autodestructivo que corroe a los Estados Unidos de Trump.
¿Quién ganará? Difícil predecirlo, porque una cosa son las opciones personales y otras las que termina votando la mayoría de la Academia de Hollywood. Tal vez predomine, además del espectáculo, el mensaje político ante la deriva de un Estados Unidos errático hacia dentro y fuera del país, aunque tal vez la mayoría ceda ante lo sentimental como refugio, y nos sorprenda como en oportunidades anteriores.

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